Lunes, 07 de Marzo de 2011 13:00
Autores clásicos del marxismo ya reconocían en el siglo XIX que en la familia moderna hay claras muestras de relaciones que tienden a la esclavitud y la servidumbre, además de encerrar “(…) in miniature, todos los antagonismos que se desarrollan más adelante en la sociedad y en su Estado."[1] Por entonces, no era posible exigir una visión específica de género dada la lógica imperante del patriarcado, por lo que el pensamiento marxista ha sido criticado por su visión transversal de la familia inmerso en la lógica del capital y la lucha de clases, sin distinciones entre sujetos de la clase trabajadora.[2] Desde allí se ha avanzado en distinguir las situaciones sociales específicas entre géneros.
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